El
impacto ambiental es el efecto que produce la actividad humana sobre el medio
ambiente. El concepto puede extenderse a los efectos de un fenómeno natural
catastrófico. Técnicamente, es la alteración de la línea de base ambiental.
La
ecología es la ciencia que se encarga de medir este impacto y tratar de
minimizarlo.
Las
acciones de las personas sobre el medio ambiente siempre provocarán efectos
colaterales sobre éste. La preocupación por los impactos ambientales abarca
varios tipos de acciones, como la contaminación de los mares con petróleo, los
desechos de la energía radioactiva o desechos radioactivos/nucleares, la
contaminación auditiva, la emisión de gases nocivos, o la pérdida de superficie
de hábitats naturales, entre otros.
La
evaluación de impacto ambiental (EIA) es un procedimiento por el que se
identifican y evalúan los efectos de ciertos proyectos sobre el medio físico y
social. La Declaración de Impacto Ambiental (DIA) es el documento oficial que
emite el órgano ambiental al final del procedimiento de EIA, que resume los
principales puntos del mismo y concede o deniega la aprobación del proyecto
desde el punto de vista ambiental. La identificación y mitigación de impactos
ambientales es el principal objetivo del procedimiento de Evaluación de Impacto
Ambiental. La aplicación de acciones de mitigación, siguiendo la denominada
"jerarquía de mitigación", pretende contrarrestar los efectos
negativos de los proyectos sobre el medio ambiente.
Tipos de impacto
ambiental
La
preocupación por los efectos ambientalmente negativos de las acciones humanas
surgió en el marco del movimiento conservacionista, en cuyo origen está la
preocupación por la naturaleza. Esta preocupación se suma a la ya existente por
la salud y el bienestar humano, todos afectados por el desarrollo económico y
urbano. Esta dimensión es llamada medio social. Se le considera impacto cuando
hay al menos tres tipos de contaminación que son la contaminación del agua, del
aire y del suelo.
Impacto ambiental a
nivel mundial
La
mayor parte de la energía utilizada en los diferentes países proviene del
petróleo y del gas natural. La contaminación de los mares con petróleo es un
problema que preocupa desde hace muchos años en especial a los países
marítimos, sean o no productores de petróleo, así como a las empresas
industriales vinculadas a la explotación y comercio de este producto. Desde
entonces, se han tomado previsiones técnicas y legales a nivel internacional
para evitar o disminuir la ocurrencia de estos problemas.
Los
derrames de petróleo en los mares, ríos y lagos producen contaminación
ambiental, la que se refleja en daños a la fauna marina, aves, vegetación y
aguas. Además, perjudican la pesca y las actividades recreativas de las playas.
Se ha descubierto que pese a la volatilidad de los hidrocarburos, sus
características de persistencia y toxicidad continúan teniendo efectos fatales
debajo del agua. Pero, los derrames por accidentes de tanqueros o barcos que
transportan el petróleo, en alta mar o cercanía de las costas, no son los
únicos causantes de la contaminación oceánica con hidrocarburos. La mayor
proporción de la contaminación proviene del petróleo industrial y motriz, el
aceite quemado que llega hasta los océanos a través de los ríos y drenajes
urbanos. Se estima que en escala mundial 3.500 millones de litros de petróleo
usado entran en ríos y océanos, y 5.000 millones de litros de petróleo crudo o
de sus derivados son derramados.
Los
productos de desechos gaseosos expulsados en las refinerías ocasionan la
alteración, no sólo de la atmósfera, sino también de las aguas, tierra,
vegetación, aves y otros animales. Uno de los contaminantes gaseosos más nocivo
es el dióxido de azufre, daña los pulmones y otras partes del sistema
respiratorio. Es un irritante de los ojos y de la piel, e incluso llega a
destruir el esmalte de los dientes.
Otra
de las fuentes alternativas de energía desarrollada es la radioactiva, que
genera muchos desechos o contaminantes radioactivos provenientes de las
reacciones nucleares, de yacimientos de minerales radioactivos, de las plantas
donde se refinan o transforman estos minerales y de las generadoras de
electricidad que funcionan con materia radiactiva. Todavía no se conoce un
método para eliminar estos desechos sin riesgo para el hombre.
Otro
de los impactos que genera la explotación de los recursos energéticos es la
contaminación acústica. El ruido producido por la industria disminuye la
capacidad auditiva y puede afectar significativamente a los sistemas nervioso y
circulatorio.
La
minería y el procesamiento de minerales a menudo producen impactos ambientales
negativos sobre el aire, suelos, aguas, cultivos, flora, fauna y salud humana.
Además pueden impactar, tanto positiva como negativamente, en varios aspectos
de la economía local, tales como el turismo, la radicación de nuevas
poblaciones, la inflación, etc. En el pasado, las empresas no siempre fueron
obligadas a remediar los impactos de estos recursos. Como resultado, mucho de
los costos de limpieza han debido ser subsidiados por los contribuyentes y los
ciudadanos locales. Este papel presenta los costos representativos de numerosas
actividades de remediación. Con frecuencia, el ítem más costoso a largo plazo
es el tratamiento del agua. El uso de garantías financieras o seguros
ambientales puede asegurar que el que contamina, paga por la mayoría de los
costos.
Otra
cuestión a tener en cuenta con respecto al impacto medioambiental de la
obtención y consumo energéticos, es la emisión de gases de efecto invernadero
como el CO2, los cuales están provocando el Cambio Climático. Se trata no sólo
de las emisiones producidas por la combustión durante el consumo -como por
ejemplo al quemar gasolina al utilizar un coche para el trasporte de personas y
mercancías-, sino también de la obtención de energía en centrales térmicas, en
las que se genera electricidad por la combustión principalmente de carbón. El
uso de energías renovables sustitutivas es la una forma de reducir este impacto
negativo.
Impactos
ambientales de la guerra y el uso bélico del uranio empobrecido
Bombardeo masivo.
Ni
los gobiernos ni las fuerzas armadas han dimensionado los impactos
humanitarios, ambientales y económicos que generan las guerras modernas, tanto
en el largo plazo como de forma inmediata. Las guerras recientes han generado
una mayor cantidad de víctimas civiles así como también unas crecientes e
irreversibles series de impactos ambientales.
Cuando
una bomba explota, genera temperaturas sobre 1000 °C, lo que junto a la fuerza
explosiva no sólo aniquila infraestructura, flora, fauna y personas, también destruye
la estructura y composición de los suelos, los que demoran cientos y hasta
miles de años en regenerarse. Es importante considerar los nuevos tipos de
balas y proyectiles que contienen elementos radiactivos en su manufactura, los
Estados Unidos ya los estuvieron usando en la guerra del golfo Pérsico.
A
los terribles daños de las bombas, explosiones e incendios que le siguen, se le
suman los impactos de las explosiones de los "objetivos
estratégicos", tales como los complejos industriales. En la reciente
guerra de los Balcanes, el bombardeo de una fábrica de plásticos y otra de
amoníaco, lanzó a la atmósfera dioxinas y tóxicos como cloro, bicloroetileno,
cloruro de vinilo, causando además efectos directos sobre la vida humana, y con
consecuencias residuales sobre el ambiente.
En
el caso de Irak hay que considerar los impactos del derramamiento y la quema
intencional de petróleo. El incendio de los pozos petroleros está generando una
grave contaminación atmosférica, terrestre, de aguas superficiales y subterráneas.
Los
impactos sobre el ecosistema y la salud de la población debido a los niveles
letales de dióxido de carbono, azufre e hidrocarburos, por mencionar algunos,
son graves. Los incendios en 500 pozos de petróleo durante la anterior guerra
del Golfo lanzaron a la atmósfera 3 millones de toneladas de humo contaminante.
La nube cubrió 100 millones de kilómetros cuadrados, afectando el territorio de
4 países y provocando enfermedades respiratorias a millones de personas. Los
derrames mataron a más de 30 000 aves marinas, contaminaron 20% de los
manglares y la actividad pesquera se arruinó.
Según
el World Resources Institute, los residuos tóxicos de la guerra del Golfo
afectarán a la industria pesquera local "por más de 100 años", a lo
que debemos sumar los impactos de la guerra actual al ecosistema agrícola y las
cuencas de los ríos Tigris y Éufrates, entre otros, de los que dependen casi
todas las actividades económicas del país.
Finalmente,
se espera que Estados Unidos, tal como en la guerra del Golfo, vuelva a usar
municiones con uranio empobrecido (depleted uranium-DU) en aviones, tanques,
cañones antitanques y minas terrestres por su densidad y capacidad de
penetración. Estas municiones explotan, arden al atravesar el blanco,
aumentando su poder destructivo, y generan gran dispersión de óxido de uranio a
la atmósfera, contaminando químicamente el ambiente y afectando a los seres
humanos. Diversos informes señalan que en Irak, la contaminación química y
radiactiva del uranio empobrecido es responsable del gran aumento de abortos,
malformaciones genéticas, leucemia infantil y cáncer en el sur de este país,
justamente cerca de la recién bombardeada ciudad de Basora, donde en 1991 se
utilizó la mayor cantidad de municiones del letal elemento.
Impactos sobre el
medio socia
Los
impactos sobre el medio social contribuyen a distintas dimensiones de la
existencia humana. Se pueden distinguir:
Efectos
económicos. Aunque los efectos económicos suelen ser positivos desde el punto
de vista de quienes los promueven, pueden llevar equivalentes consecuencias
negativas para otros colectivos, especialmente sobre segmentos de la población
desprovistos de influencia.
Efectos
socioculturales. Alteraciones de los esquemas previos de relaciones sociales y
de los valores, que vuelven obsoletas las instituciones previamente existentes.
El desarrollo turístico de regiones subdesarrolladas es ejemplar en este
sentido. En algunos casos, en países donde las instituciones políticas son
débiles o corruptas, el primer paso de los promotores de una iniciativa
económica es la destrucción sistemática de las instituciones locales, por la
introducción del alcoholismo o la creación artificiosa de la dependencia
económica, por ejemplo distribuyendo alimentos hasta provocar el abandono de
los campos.
Los
efectos culturales suelen ser negativos, por ejemplo, la destrucción de
yacimientos arqueológicos por las obras públicas, o la inmersión de monumentos
y otros bienes culturales por los embalses. Por el contrario, un efecto
positivo sería el hallazgo de restos arqueológicos o paleontológicos durante
las excavaciones y los movimientos de tierra que se realizan en determinadas
obras. Un claro ejemplo lo constituye el yacimiento de Atapuerca (Burgos,
España) que fue descubierto gracias a las trincheras que se excavaban durante
las obras del ferrocarril.
Efectos
tecnológicos. Innovaciones económicas pueden forzar cambios técnicos. Así, por
ejemplo, uno de los efectos de la expansión de la agricultura industrial es la
pérdida de saberes tradicionales, tanto como de estirpes (razas y cultivares),
y la dependencia respecto a “inputs” industriales y agentes de comercialización
y distribución.
Efectos
sobre la salud. En la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, la migración de la
población del campo a las ciudades, activamente promovida por cambios legales,
condujo a condiciones de existencia infrahumanas y expectativas de vida muy
bajas. El desarrollo de normas de urbanismo y de salud laboral, así como la
evolución de las relaciones de poder en un sentido menos desfavorable para los
pobres, ha moderado esta situación, pero sin resolver todos los problemas. La
contaminación atmosférica, tanto la química como la acústica, siguen siendo una
causa mayor de morbilidad. Un ejemplo extremo de las dimensiones que pueden
alcanzar los efectos lo proporciona la contaminación del agua subterránea en
Bangladés, donde unos cien millones de personas sufren irremediablemente de
intoxicación crónica y grave por arsénico, por un efecto no predicho, e
impredecible, de la expansión de los regadíos.
Impacto sobre el
medio social local.
Por
ejemplo, en Sevilla. AUTOPISTA SE-35. Los planos del proyecto de construcción
de la ronda SE-35, en el tramo aprobado por la Gerencia de Urbanismo en
diciembre de 2008 que va de la Autovía A4 hasta la variante de la A-92, partirá
en dos partes las 96 hectáreas del recién creado Parque Tamarguillo y a lo
largo de 1 kilómetro pasará diagonalmente sobre los cauces fluviales de los
arroyos del Tamarguillo y Ranilla. El primero fue regenerado con 6,7 millones
de euros de fondos europeos con los que también se ha recuperado la zona verde,
un enclave donde en conjunto se han invertido 12 millones de fondos europeos.
La
asociación Movida Pro Parque denuncia que la SE-35 acabará con algunos
miradores, caminos y carriles bici construidos por la Confederación Hidrográfica
del Guadalquivir, además de afectar al yacimiento paleontológico (del periodo
Jurásico) hallado en el estrechamiento del parque a pocos metros del
encauzamiento del arroyo Ranilla. Una de las rotondas de la vía, la más próxima
al antiguo Camping Sevilla, también eliminará los 200 nuevos huertos vecinales
que se construyeron para cubrir la alta demanda de esta actividad en el barrio.
Y la segunda rotonda irá en los terrenos del mercadillo ambulante sobre el
encauzamiento del arroyo Ranilla. La construcción de la SE-35 en esta zona
verde fue incluida en el Plan General de Sevilla (PGOU) de 2006 por una
recalificación de suelo, pese a la oposición frontal de los vecinos de Alcosa y
de la asociación Movida Pro Parque Tamarguillo, que reaccionaron con 500
alegaciones en contra y acudiendo al Defensor del Pueblo. Los vecinos querían
que el parque conservara la calificación urbanística de "espacio verde
para ocio y disfrute ciudadano" que tenía en el PGOU anterior, de 1987.
Impactos sobre el
sector productivo
La
degradación del medio ambiente incide en la competitividad del sector
productivo a través de varias vertientes, entre otras:
(I)
Falta de calidad intrínseca a lo largo de la cadena de producción;
(II)
Mayores costos derivados de la necesidad de incurrir en acciones de remediación
de ambientes contaminados; y
(III)
Efectos sobre la productividad laboral derivados de la calidad del
medioambiente.
También
afectan la competitividad la inestabilidad del marco regulatorio en materia
ambiental y la poca fiscalización por parte de las autoridades, lo cual conduce
a incertidumbre jurídica y técnica. Esto puede influir en costos adicionales en
lo que deben incurrir las empresas para demostrar que los productos o servicios
son limpios o generados amigablemente con el medio ambiente.
Nueva tecnología,
nuevos problemas
Constantemente
surgen nuevos dispositivos tecnológicos que facilitan el día a día y ofrecen un
mayor número de servicios, pero seguro que no nos detenemos a pensar lo que
sucede con los artefactos tecnológicos que ya no usamos, que han quedado en
desuso y se han convertido en chatarra. Desde lo más simple, pasando por lo
cotidiano, hasta nuestro mundo digital, producen un gran impacto en el medio
ambiente.
Móviles,
GPS, PDA, ordenadores, portátiles, grabadores, iPod, y así una larga lista, han
facilitado nuestras funciones, pero, una vez que los dejamos de utilizar, se
convierten en parte de la contaminación tecnológica. Cada uno de estos
accesorios ha sido construido con plaquetas que contienen pequeñas cantidades
de plomo, que arrojadas al suelo y no dándoles un tratamiento adecuado pueden
llegar a causar contaminación con grandes consecuencias ecológicas. La solución
a este problema no es muy lejana, pues no es demasiado complicada la separación
adecuada de desechos. Utilizando los come-baterías para arrojar viejas
baterías, que son enormemente contaminantes, y separando todos los artefactos
tecnológicos para luego llevarlos a un centro de reciclado especializado, o
incluso fábricas donde se pueden volver a reutilizar, se puede evitar que esas
placas terminen en un basurero a cielo abierto, siendo incinerados y dañando
enormemente nuestra capa de ozono.
Para
poder entender la contaminación que la tecnología aporta, un artículo de Jaime
Escobar Aguirre, experto en informática, apoyado en estudios de la consultora
Gartner, concluyó que “la industria de la información y las comunicaciones
contaminaban igual que la aviación comercial. Los niveles emitidos de dióxido
de carbono son iguales entre ambas industrias, de lo que se deduce que la
industria de la información es responsable del 2 % del dióxido de carbono
emitido por todo el planeta”.
Si
no se da un rápido remedio a esto, las consecuencias son incalculables. Si hoy
día sufrimos las sofocantes subidas de temperaturas por el cambio climático,
causa pavor imaginar lo que sucederá cuando las aguas estén contaminadas, el
cielo desprotegido y los rayos ultravioleta caigan directamente sobre nosotros.
El
ecologista Brucce Buleje, en uno de sus artículos en la Web “legox”, se mostró
preocupado por estas consecuencias, e incita a la gente a que tome conciencia
de esta manera: “Para que cambiemos toda esta pena de muerte hacia donde
estamos auto condenándonos, debemos de parar de contaminar nuestros cielos,
nuestras aguas, nuestros mares, nuestras tierras. Salvemos el planeta y
salvaremos nuestros hábitat”.
Riesgos
derivados de la contaminación tecnológica
Los
productos químicos utilizados en la industria tecnológica, como por ejemplo la
electrónica, afectan la salud de los trabajadores expuestos a ellos en el
proceso de fabricación y manipulación, causando problemas respiratorios y
afectando algunos órganos del cuerpo. Su uso provoca la contaminación del
entorno en el que interactúa la industria. Quizás algunos de los componentes
más contaminantes en el mundo tecnológico actual sean las pilas y baterías,
utilizadas en todos los aparatos electrónicos de consumo masivo. La diversidad
y tecnología de las baterías han sido de tal magnitud que se han convertido en
el componente más conocido y utilizado en cualquier aparato de consumo. Algunos
retardantes de fuego bromados son usados en tarjetas de circuito impreso y
cubiertas de plástico, las cuales no se desintegran fácilmente y se acumulan en
el ambiente. La exposición a largo plazo a estos compuestos puede afectar e
interferir con algunas funciones hormonales del cuerpo.
El
mercurio que se utiliza en los monitores de pantalla plana como dispositivo de
iluminación puede dañar funciones cerebrales sobre todo el desarrollo temprano
(véase envenenamiento por mercurio).
Se
utilizan compuestos de cromo hexavalente en la producción de cubiertas de metal
para los aparatos electrónicos, y estos compuestos son altamente tóxicos y
cancerígenos para los humanos.
El
PVC es un plástico que contiene cloro, y se utiliza en algunos productos
electrónicos para aislar cables y alambres. Estos químicos son altamente
persistentes en el ambiente y son muy tóxicos incluso en muy bajas
concentraciones.
Otro
riesgo preocupante, que más que riesgo ya se ha convertido en realidad, es el
cambio climático. Con respecto a este problema, grandes personalidades
mundiales han tomado partido en el asunto. Una de esas figuras ha sido el ex
vicepresidente estadounidense Al Gore, que se basa en que el cambio climático
es consecuencia de la actividad industrial que produce emisión de CO2 a la
atmósfera. Con esto, su letanía actual es del tipo: "No hay algo más
urgente en la actualidad que controlar las emisiones de CO2 a la atmósfera”,
afirma en su documental Una verdad incómoda, que presentó en sociedad en el año
2006 y que hoy circula por toda la red.
Aspecto técnico y
legal
El
término impacto ambiental se utiliza en dos campos diferenciados, aunque
relacionados entre sí: el ámbito científico-técnico y el
jurídico-administrativo. El primero ha dado lugar al desarrollo de metodologías
para la identificación y la valoración de los impactos ambientales, incluidas
en el proceso que se conoce como Evaluación de Impacto Ambiental (EIA); el
segundo ha producido una serie de normas y leyes que obligan a la declaración
del impacto ambiental y ofrecen la oportunidad, no siempre aprovechada, de que
un determinado proyecto pueda ser modificado o rechazado debido a sus
consecuencias ambientales (véase Proyecto técnico). Este rechazo o modificación
se produce a lo largo del procedimiento administrativo de la evaluación de
impacto. Gracias a las evaluaciones de impacto, se estudian y predicen algunas
de las consecuencias ambientales, los impactos que ocasiona una determinada
acción, permitiendo evitarlas, atenuarlas o compensarlas.
Clasificación de los
impactos
Tras
ser identificados, los impactos ambientales han de ser evaluados para estimar
su importancia o significatividad. Esto se hace atendiendo a distintos aspectos
o características de los mismos, entre los que destacan:
Naturaleza:
se distinguen impactos positivos (si producen efectos beneficiosos sobre el
medio) y negativos (si producen efectos perjudiciales sobre el medio).
Tipo
de impacto: en general, los impactos causados por un proyecto pueden ser
directos (si están ocasionados directamente por la ejecución del proyecto),
indirectos (si están causados por el proyecto pero ocurren muy distanciados de
éste en el tiempo o en el espacio) y/o acumulativos (si resultan de la suma de
efectos ocasionados por otros proyectos o actividades pasados, presentes o
previstos). Cuando los impactos acumulativos acaban provocando efectos mayores
que la simple suma de sus partes (por ejemplo, pérdidas de hábitat que acaban
causando la desaparición de una comunidad silvestre) se habla de impactos
sinérgicos.
Magnitud:
hace referencia al tamaño o la cantidad de elementos afectados por el impacto.
Por ejemplo, el aumento en el número de atropellos de animales al construir una
nueva carretera.
Extensión:
es la superficie de terreno afectada por un impacto. A veces es sinónimo de
magnitud, cuando el elemento afectado es un territorio (por ejemplo, superficie
de hábitat transformado en área industrial).
Intensidad:
puede definirse como la fuerza o la profundidad del daño causado sobre un
elemento. Por ejemplo, el impacto negativo sobre el suelo será más intenso en
el caso de una excavación que en el de un desbroce de la vegetación.
Duración:
en general, se distingue entre impactos temporales (aquellos que tras un
período determinado desaparecen, permitiendo la vuelta del entorno a su estado
original, como por ejemplo el ruido causado por la perforación de un túnel) y
permanentes (aquellos que no desaparecen del medio, como por ejemplo la
inundación de terrenos tras la construcción de una presa). Además, un impacto
temporal puede ser de distinta duración; habitualmente se considera de corta
duración si desaparece en los 9 primeros años tras la finalización del proyecto
que lo ocasionó, de duración media si tarda entre 10 y 19, y de larga duración
si desaparece más de 20 años después de que el proyecto haya sido concluido. La
duración de los impactos no siempre es la misma que la del proyecto que los
origina.
Frecuencia:
hace referencia a la asiduidad con la que aparece un determinado impacto. Así,
un impacto puede ser puntual (si aparece una única vez) o periódico (si se
repite varias veces en el tiempo).
Reversibilidad:
se distinguen impactos reversibles (si las condiciones originales del medio
afectado pueden recuperarse, ya sea de forma natural o a través de la acción
humana) e irreversibles (si no es posible recuperar la línea de base, ni
siquiera a través de acciones de restauración ambiental).
Certeza
de la predicción: hace referencia a la probabilidad de que realmente ocurran
los impactos que se predicen.
Evaluación de Impacto
Ambiental (EIA)
Es
el proceso formal empleado para predecir las consecuencias ambientales de una
propuesta o decisión legislativa, la implantación de políticas y programas, o
la puesta en marcha de proyectos de desarrollo.
La
Evaluación de Impacto Ambiental se introdujo por primera vez en Estados Unidos
en 1969 como requisito de la National Environmental Policy Act (ley nacional de
políticas sobre el medio ambiente, comúnmente conocida como NEPA). Desde
entonces, un creciente número de países (incluida la Unión Europea) han
adoptado la EIA, aprobando leyes y creando organismos para garantizar su
implantación.
Una Evaluación de
Impacto Ambiental suele comprender una serie de pasos:
Un
examen previo, para decidir si un proyecto requiere un estudio de impacto y
hasta qué nivel de detalle.
Un
estudio preliminar, que sirve para identificar los impactos claves y su
magnitud, significado e importancia.
Una
determinación de su alcance, para garantizar que la EIA se centre en cuestiones
clave y determinar dónde es necesaria una información más detallada.
El
estudio en sí, consistente en meticulosas investigaciones para predecir y/o
evaluar el impacto, y la propuesta de medidas preventivas, protectoras y
correctoras necesarias para eliminar o disminuir los efectos de la actividad en
cuestión.
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